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Chapter 4

La madrugada avanzaba lentamente sobre los techos de pizarra del palacio real, pero dentro del salón del consejo el tiempo parecía haberse detenido. Julián había logrado calmar su respiración, aunque el temblor en sus manos persistía. Miraba fijamente a Novia, quien permanecía de pie junto al mapa estratégico extendido sobre la mesa. La capa de armiño seguía sobre sus hombros, un recordatorio constante de su nueva realidad. La sangre seca en la parte delantera de su vestido blanco ya no era solo una mancha; se había convertido en el estandarte de su coronación forzada.

—Debemos notificar al Departamento de Estado de los Estados Unidos —dijo Julián con voz ronca, intentando aferrarse a los protocolos diplomáticos que conocía—. Mis socios, mis contactos en Washington... pueden intervenir. Esto es un acto de terrorismo internacional. Las banderas americanas en el salón principal no estaban allí por adorno; había diplomáticos de alto nivel invitados a nuestra boda.

El general Vance esbozó una sonrisa amarga, un gesto fugaz que no llegó a alcanzar sus ojos.

—Joven, los diplomáticos estadounidenses que asistieron a su boda ya están siendo escoltados hacia una zona segura bajo custodia militar conjunta —respondió el general con sequedad—. En este nivel del ajedrez geopolítico, las embajadas son las primeras en saber cuándo las reglas del juego han cambiado. Washington no intervendrá públicamente hasta que determinemos de qué lado de la traición se encuentran sus propios enviados. El dinero que financió a los tiradores en el altar proviene de fondos corporativos con sede en Delaware.

Novia cruzó los brazos por debajo de la pesada capa, absorbiendo cada detalle de la información. Su mente procesaba las implicaciones económicas y políticas con una claridad escalofriante. Ella había diseñado contratos de fusión para conglomerados internacionales, pero ahora comprendía que las grandes corporaciones y las monarquías modernas operaban bajo las mismas reglas implacables de supervivencia y poder.

—Si el capital proviene de Estados Unidos, significa que hay una alianza entre los detractores corporativos de allá y la facción golpista de aquí —analizó Novia, su voz firme y calmada cortando el aire tenso del despacho—. Buscan un colapso financiero controlado para devaluar la moneda del reino y apropiarse de los derechos de explotación energética en las costas del norte.

La reina asintió con aprobación, un destello de profunda admiración cruzando por sus ojos cansados.

—Por esta razón fuiste tú la elegida para heredar el trono, a pesar de tus intentos por llevar una vida ordinaria —dijo la monarca con suavidad—. Posees la frialdad analítica de un estadista y la empatía de alguien que ha caminado entre la gente común. Sabíamos que el día en que la violencia golpeara a nuestra puerta, no te derrumbarías.

Julián miró a Novia con una mezcla de reverencia y profundo desconcierto. La mujer con la que había compartido cenas íntimas en apartamentos alquilados y discusiones sobre casos legales triviales ya no existía; en su lugar se hallaba una reina dispuesta a enfrentarse a potencias mundiales para salvar su reino.

—¿Qué pasará conmigo? —preguntó Julián en un susurro, sintiéndose completamente insignificante en esa sala llena de historia y peligro—. Yo solo soy un civil atrapado en el fuego cruzado de una guerra que apenas comprendo.

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Novia se giró hacia él, y por un segundo, la frialdad de su investidura real dio paso a la mujer que él amaba. Se acercó con pasos lentos y posó una mano sobre su hombro, sintiendo el rígido esmoquin que él aún llevaba puesto.

—No estás atrapado, Julián —respondió ella con infinita suavidad—. Estás protegido. Pero debes tomar una decisión: quedarte y ser testigo de la verdad, o marcharte ahora mismo bajo una nueva identidad y no mirar jamás hacia atrás.

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