Chapter 1

El salón de mármol del palacio real brillaba bajo las luces de cristal, reflejando el horror suspendido en el aire. Las banderas de Estados Unidos colgaban inmóviles junto a los estandartes reales, flanqueadas por guardias reales inmóviles como estatuas de piedra. En el centro de esta escena de pesadilla estaba Novia. Su elegante vestido de novia blanco, meticulosamente confeccionado para el día más feliz de su vida, ahora lucía una mancha carmesí grotesca en el frente. La sangre aún parecía húmeda, un recordatorio brutal de la violencia que había profanado la ceremonia hacía apenas unos minutos. Su tiara brillante se inclinaba ligeramente sobre su velo transparente, y sus aretes de diamantes capturaban la luz fría de la sala.
A sus pies, un hombre con un traje negro impecable y un corbatín torcido se encontraba arrodillado sobre el suelo pulido. Era su prometido, el hombre con quien había planeado compartir el resto de su existencia. Su rostro estaba desencajado por el terror y la incredulidad, sus ojos fijos en la nada mientras el temblor de sus manos delataba el shock absoluto. Con una voz desesperada, rota por el llanto contenido que amenazaba con desgarrarle la garganta, finalmente logró articular las palabras que flotaban en la mente de todos: "¿Quiénes son ellos?".
Novia no respondió de inmediato. Sus ojos se movieron con lentitud deliberada, observando el desastre que la rodeaba. No había gritos histéricos ni carreras despavoridas. La disciplina de su educación y la gravedad del momento exigían una compostura antinatural. Respiraba con lentitud, controlando cada latido de su corazón para evitar el pánico.
Desde las sombras de la columnata, el movimiento sutil de pasos firmes rompió la tensión. Un hombre mayor, con el cabello completamente canoso y vistiendo un uniforme militar rojo cargado de medallas doradas, avanzó con paso pausado. Sobre sus hombros llevaba una pesada capa de armiño, manchada extrañamente con toques negros en el borde. Sin vacilar un solo instante, el anciano se acercó por la espalda de la novia y colocó con extrema delicadeza la lujosa capa sobre los hombros de ella, cubriendo de inmediato el horror del vestido ensangrentado.
La reina, una mujer mayor de presencia imponente ataviada con un vestido dorado y una tiara a juego, observaba la escena desde una tarima elevada. Su rostro mostraba un asombro profundo pero silencioso, como si presenciara el colapso de un mundo que ella misma había contribuido a construir. Con una voz firme, profunda y cargada de una autoridad incuestionable, el hombre del uniforme militar pronunció las palabras que cambiarían el destino de todos: "Nunca debes estar sola".
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Novia sintió el peso de la capa de armiño sobre su piel. Se ajustó el tejido blanco con dedos firmes, manteniendo una expresión seria y profundamente melancólica. El hombre arrodillado en el suelo la miraba con absoluto asombro, incapaz de comprender la magnitud de la conspiración que se desplegaba ante sus ojos. El militar se inclinó respetuosamente ante ella, doblando la rodilla con una gracia marcial inquebrantable, y murmuró con solemne devoción: "Su Majestad".
Cerrando los ojos por un brevísimo instante para reunir sus pensamientos, Novia los abrió de nuevo. Su mirada se clavó directamente en el vacío del salón, adoptando una determinación férrea. Con una voz calmada pero que resonaba con una autoridad absoluta, declaró hacia el futuro incierto: "La verdad siempre llega". Las puertas del palacio comenzaron a cerrarse lentamente, sellando un destino del que ya no había escapulario posible.