passageway
Chapter 1: Sangre en el Altar / Chapter 11 / 13

Chapter 11

El despacho real se convirtió instantáneamente en una sala de operaciones de alta intensidad. Los teléfonos satelitales parpadeaban con luces rojas y amarillas mientras Julián coordinaba las comunicaciones de emergencia con los bancos centrales de Europa y Norteamérica. Cada segundo contaba en la carrera contrarreloj para evitar que los activos de los conspiradores se desvanecieran en el laberinto digital de las criptomonedas y las transferencias anónimas.

Novia se inclinó sobre el escritorio, firmando con trazo firme y legible los decretos de congelamiento de cuentas que el general Vance le extendía uno tras otro. Su respiración era pausada, controlada, reflejando una absoluta inmunidad al pánico que consumía a los burócratas al otro lado de la línea. La capa de armiño había sido reemplazada por la autoridad directa de su firma soberana.

—Las órdenes han sido transmitidas a Zúrich —anunció Julián con la voz tensa, mirando fijamente la pantalla de su terminal—. Los bancos suizos han confirmado la recepción del decreto real. Están procediendo al bloqueo inmediato de las cuentas corporativas vinculadas a los testaferros del complot.

—¿Y en las Islas Caimán? —preguntó Novia sin levantar la vista de los documentos.

—Ese es el problema, Alteza —respondió Julián con un atisbo de preocupación—. Las autoridades locales están demorando la ejecución bajo pretextos burocráticos. Alguien en el ministerio de ultramar está bloqueando la orden a petición de los inversores extranjeros.

El general Vance apretó los puños, haciendo crujir las costuras de sus guantes militares.

—Dame la orden, Alteza, y desplegaré a un equipo de enlace táctico para asegurar la cooperación de las autoridades en Caimán mediante canales diplomáticos de presión directa —ofreció el general con fría determinación.

Novia levantó la mano, deteniendo cualquier acción precipitada. No necesitaba la fuerza militar en un territorio extranjero cuando poseía herramientas jurídicas y económicas mucho más devastadoras.

—No envíes tropas, general. Eso es exactamente lo que los conspiradores esperan para acusarnos de agresión internacional —ordenó Novia con voz calmada pero implacable—. Comunícate con el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y diles que si el gobierno de las Islas Caimán no ejecuta la orden de congelamiento en los próximos diez minutos, suspenderemos inmediatamente todos los acuerdos comerciales bilaterales de transporte marítimo en el Atlántico norte.

Julián soltó una exclamación ahogada de asombro ante la audacia de la medida. Amenazar con paralizar el comercio atlántico por un paraíso fiscal caribeño era una jugada de póker con apuestas extremadamente altas, pero tenía la contundencia necesaria para doblegar cualquier resistencia burocrática.

—Es una medida extrema, Novia... digo, Alteza —se corrigió Julián rápidamente, sintiendo el peso del protocolo.

—Es la única medida que entienden los que operan en las sombras —respondió ella con absoluta serenidad—. La debilidad invita a la traición; la firmeza total es el único lenguaje que respetan los poderes financieros globales.

May you like

Diez minutos más tarde, el teléfono satelital emitió un pitido agudo. Julián levantó el auricular, escuchó durante unos segundos la respuesta oficial desde el Caribe, y una sonrisa de triunfo cruzó su rostro.

—Lo han hecho —anunció Julián con alivio—. Las cuentas en las Islas Caimán han sido congeladas. El dinero de los conspiradores está atrapado.

Other posts