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Chapter 3

A la mañana siguiente, el sol entró a raudales por la ventana, iluminando los detalles de la habitación. Marta apareció temprano, esta vez con el ceño ligeramente fruncido. Había revisado las estadísticas del video anterior y notó que la interacción había bajado porque Elena no sonrió.

—Ayer no comió nada, Elena. Eso arruina nuestras métricas y preocupa a su familia —dijo Marta con una mezcla de reproche y falsa dulzura, sosteniendo el teléfono ya preparado.

Elena mantuvo la mandíbula firme.

—No tengo hambre de cámaras, muchacha. Tengo hambre de paz.

Marta suspiró con fastidio, un gesto genuino que escapó a su fachada profesional.

—Haga el favor de cooperar. Solo necesito que finja un poco de alegría. Su hija pagó por una atención de excelencia, y la excelencia incluye una buena imagen pública.

Las palabras de Marta golpearon a Elena con la fuerza de un martillo. Para su familia, ella ya no era una madre, sino una factura mensual y una carga estética que debían maquillar para la sociedad. En ese momento, la puerta se abrió discretamente y Mateo entró con una bandeja sencilla. Al ver la tensión en el ambiente, se detuvo.

—Marta, la directora te llama en la oficina principal —dijo Mateo con tono neutro, interviniendo para proteger a la anciana.

Marta dudó, mirando el teléfono y luego a Elena, antes de dar media vuelta y salir con pasos firmes. Mateo aprovechó el momento para colocar la bandeja en la mesa.

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—No ceda, Elena. Su dignidad vale más que cualquier video —susurró el joven antes de retirarse.

Elena miró el vaso de leche y sintió que la fuerza comenzaba a regresar a sus manos.

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