Chapter 5

El aire en el estacionamiento se volvió irrespirable. Novia miraba fijamente al hombre del traje gris, cuyas facciones recordaba perfectamente a pesar de los años transcurridos. "Tú dijiste que ella había muerto", logró articular Novia, con la voz ahogada por la rabia y la incredulidad. El hombre, ajustándose los puños de la camisa con total calma, la miró sin rastro de culpa. "Las verdades cambian según quién pague por ellas, querida", respondió con una frialdad que heló la sangre de Novio.
Novio, sintiendo la furia hervir en su interior, dio un paso al frente dispuesto a golpearlo, pero Novia lo detuvo con una mano en el brazo. Su mirada era de acero. Comprendía que la violencia no resolvería nada; necesitaba respuestas, y las necesitaba ahora. "¿Dónde ha estado todos estos años?", preguntó Novia, exigiendo saber el paradero de su hija. El hombre sonrió levemente, mirando de reojo hacia la mansión donde la pequeña niña había desaparecido momentos antes.
"Ella siempre ha estado más cerca de lo que imaginas", respondió el hombre enigmáticamente. "Alguien pagó mucho dinero para mantenerla a salvo de ti, de tu familia y de la vida que pretendías construir." Estas palabras golpearon a Novia como una bofetada. ¿A qué se refería con "salvo de ti"? Ella nunca habría dañado a su propia hija. Los recuerdos de aquella noche en el hospital volvieron a su mente, pero esta vez con una perspectiva completamente diferente y aterradora.
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El personal de seguridad mantuvo al hombre retenido mientras Novio llamaba a la policía. Sin embargo, Novia sabía que las autoridades locales tardarían demasiado y que este hombre tenía influencias que podrían liberarlo antes de que obtuvieran alguna respuesta real. Decidió tomar las riendas de la situación. Se giró hacia Novio y le dijo con firmeza: "Quédate aquí con él. Voy a buscar a mi hija". Novio intentó dissuadirla, señalando que la situación era peligrosa, pero la determinación en los ojos de Novia era inquebrantable.
Novia regresó al interior de la mansión, dejando atrás el caos del estacionamiento. El gran salón estaba vacío, iluminado únicamente por la luz tenue del atardecer que se filtraba a través de los ventanales. El silencio era abrumador. Caminó por los pasillos alfombrados, llamando a la niña en un tono suave pero firme. Sabía que la pequeña no se había ido lejos. Cada rincón de la casa parecía guardar un secreto, y Novia estaba dispuesta a romperlos todos para recuperar lo que le pertenecía por derecho.