Capítulo 12: El reencuentro con el pasado

Un día, Victoria recibió una carta inesperada desde la prisión estatal. Era de Eleonora. Tras meses de encierro y confrontación con su propia soledad, la mujer había solicitado una breve audiencia con la joven heredera.
A pesar del consejo de sus abogados de ignorar la solicitud, Victoria decidió asistir al centro penitenciario. Sentada al otro lado del cristal del locutorio, vio a una Eleonora demacrada, vestida con el uniforme gris de los reclusos y despojada de todo rastro de vanidad.
—¿Por qué viniste? —preguntó Eleonora con la voz rota y la mirada baja.
May you like
—Porque la amargura no tiene espacio en mi vida —respondió Victoria con serenidad—. Quería saber si estabas bien.
Eleonora rompió a llorar, un llanto amargo y sincero que nunca antes se había permitido. Confesó su arrepentimiento por los años de odio y le pidió perdón por el daño provocado a ella y a su padre. Victoria la escuchó en silencio, le ofreció una sonrisa piadosa y asintió con la cabeza, dejándole claro que el perdón no borraba las consecuencias, pero sí liberaba ambas almas.