Chapter 8: Las Rejas de la Realidad

Mientras tanto, en las celdas de detención preventiva de la fiscalía general, el ambiente era radicalmente opuesto al bullicio exterior de la calle. Julián paseaba de un lado a otro de la pequeña celda de hormigón armado, con la chaqueta gris arrugada y el rostro descompuesto por el insomnio absoluto y la rabia acumulada. La ausencia de comodidades, el frío cemento bajo sus zapatos y la fría luz fluorescente que parpadeaba constantemente en el techo destruyeron en pocas horas la arrogancia y el orgullo que había mantenido durante toda su vida adulta protegida por el dinero.
A pocos metros de distancia, en otra celda individual y fría, Fernando permanecía sentado en un banco de madera dura, con la mirada fija en el suelo grisáceo y sin vida. Su traje beige, otrora símbolo inconfundible de su poder corporativo e influencia social, estaba manchado y completamente desaliñado. El patriarca de los Arismendi comprendía por fin la magnitud irreversible de su estrepitosa caída. Los testaferros a los que había sobornado durante años habían desaparecido o colaboraban ya activamente con la fiscalía a cambio de inmunidad parcial. Su imperio económico se había evaporado como humo en el aire.
Doña Beatriz, que había sido trasladada a una sala de espera especial del hospital penitenciario debido a su avanzada edad y a su estado de salud alterado por la hipertensión, no paraba de exigir hablar con jueces, ministros y directores de periódicos influyentes. Sin embargo, los oficiales asignados a su custodia la ignoraban por completo, siguiendo estrictamente los protocolos legales impartidos por el fiscal Morales. El dinero y los apellidos ilustres ya no abrían ninguna puerta; en ese lugar, todos los detenidos eran estrictamente iguales ante la ley.
Hacia el mediodía, la puerta metálica de la sala de interrogatorios se abrió para recibir a Julián. Dos agentes lo condujeron con firmeza hasta la mesa metálica donde lo esperaba su abogado defensor de oficio, ya que los costosos bufetes privados que solían representar a la familia habían renunciado de inmediato al caso al comprobar que las pruebas eran irrefutables.
—Señor Arismendi, la situación legal es extremadamente compleja y sin salida aparente —dijo el abogado con voz cansada, hojeando rápidamente los expedientes llenos de pruebas financieras irrefutables—. La fiscalía tiene registros bancarios precisos de desvío sistemático de fondos, falsificación de firmas y complicidad en el acoso judicial. Si no colabora plenamente entregando información sobre los activos ocultos, las penas podrían superar fácilmente los quince años de prisión efectiva sin derecho a fianza.
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Julián apretó los dientes con fuerza, sintiendo una rabia impotente que le quemaba en el pecho. Quería culpar a alguien, pero sabía perfectamente que el único responsable de su ruina era él mismo y su ciega avaricia.
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